La mayoría de los empresarios latinoamericanos con activos en EE.UU. tienen al menos uno de estos problemas — sin saberlo: exposición al estate tax por cuentas a título personal, costos ocultos en fondos que históricamente no superan al índice, un solo custodio sin estructura de protección, o activos dispersos que nadie está consolidando.
No vine a enseñarte a invertir. Vine a revisar lo que ya tienes — y asegurarme de que esté construido para prevalecer en el tiempo.
El proceso comienza con una llamada de 15 minutos. Sin compromiso.
Si ya tienes una cuenta de inversión, el primer paso es entender exactamente qué tienes. No de forma general — con detalle. Qué activos, qué costos reales, qué exposiciones fiscales, y si la estructura en la que están tus inversiones tiene sentido para tu situación.
La mayoría de los portafolios que reviso tienen al menos una cosa que nadie le había explicado al cliente.
Con el portafolio sobre la mesa, la conversación se vuelve más concreta. ¿En qué plazo necesitas liquidez? ¿Cuánto riesgo tiene sentido para ti? ¿Hay patrimonio que proteger para tus hijos? ¿Tienes activos en varias jurisdicciones que nadie está consolidando?
Las respuestas a esas preguntas definen el plan — no al revés.
Una vez tenemos claridad sobre lo que hay y lo que se necesita, construimos el plan. Eso puede incluir ajustes en la estructura del portafolio, reducción de costos, coberturas, o estructuras de protección patrimonial.
Todo basado en tu perfil de riesgo y tus objetivos — sin productos predefinidos ni alianzas con fondos.
Los mercados cambian. Las regulaciones cambian. La vida cambia. La relación no termina cuando se diseña el plan — terminaría siendo inútil si así fuera.
Revisamos periódicamente cómo evoluciona el portafolio y hacemos los ajustes necesarios para mantenernos alineados con tus objetivos.